Estuvimos en Santiago de Chile y conversamos con Diego Vrsalovick, profesor, trabajador del Ministerio de Educación, columnista, político y orgulloso hijo de nana, quien escribió una carta abierta a un prestigioso Club de Golf luego de que la directiva del club decidió que las nanas debían usar uniforme dentro de sus instalaciones para “identificarlas como tales” .

Desde siempre acá (en Chile) a las asesoras del hogar (trabajadoras del hogar) se les ha conocido como nanas. Y en general se parte del prejuicio que ser hijo de nana fuera algo despectivo, algo tremendamente negativo. Desciendo de abuela que trabajó desde los 9 años cuidando a un niño de 5, y de madre que a los 15 años tuvo que abandonar el colegio porque era la única forma que tenía para seguir trabajando.

¿Consideras que tu mamá recibió un trato justo cuando trabajó como asesora del hogar?

En la casa de la patrona que tuvo casi por treinta años siempre se la trató muy bien, aunque recién después de veinte le preguntaron si quería cotizar (aportar a su fondo de jubilación). Y mi mamá no sabía qué era cotizar y dijo que no, y no se le pagó. Al final de su relación mi mamá se informó al respecto y exigió que se pagaran sus cotizaciones, pero fue tarde. En algunos años más se jubilará con una pensión miserable sólo por desconocimiento, como les ocurre a tantas otras mujeres.

¿Qué opinas del trabajo del hogar?

Es un trabajo tan digno como cualquier otro, sin embargo, tiene un doble esfuerzo: además de tener que limpiar y cocinar en la casa de la patrona, se hacen las mismas tareas en su propia casa después de viajes de un extremo a otro de la ciudad. Además es un trabajo que tiene un sesgo de género y de sector socioeconómico muy profundo: está asignado a las mujeres, a las mujeres más pobres. Porque si una mujer del barrio alto cuida a los niños es la babysitter, pero si una mujer de los sectores más pobres es la que los cuida, entonces es la nana.

La historia de una nana esconde una pobreza de siglos que se arrastra desde los mismos tiempos de la Conquista. Finalmente, la nana termina siendo de propiedad de la mujer del conquistador, del encomendero, del hacendado, del libertador de la Independencia, del político burgués, del empresario. En la actualidad, dado el acceso a nuevas oportunidades, tener un apoyo en el hogar se vuelve más masivo y deja de ser privativo de una élite. Este fenómeno tiene que ser mirado con detención, sobre todo por la invisibilidad con la que se mira desde el estudio del pasado. No tenemos una historia de la servidumbre doméstica en Chile.

Durante nuestra experiencia hemos conocido muy pocos casos en los que una mujer nos dice que por propia voluntad quiere dedicarse para siempre a ser trabajadora del hogar.

Los tiempos en que vivimos ya no están para trabajar toda la vida en un mismo trabajo. Hoy día hay más oportunidades para elegir, es cierto. Pero es tremendamente complicado cuando la persona está 9, 10 o más horas trabajando, o cuando trabaja puertas adentro donde nadie fiscaliza que la ley se cumpla, o el que las posibilidades de estudiar o salir de la condición de pobreza dependen de la voluntad de cada patrón. Ser nana hoy es casi una obligación del contexto ante la escasez de recursos y la necesidad de cubrir las necesidades básicas, cuando no se tiene por dónde partir. Se ha visto con mucha fuerza en nuestras hermanas migrantes, que han comenzado en múltiples ocasiones en este trabajo.

Es importante que las trabajadoras de casa particular sepan que hay otras opciones, por ejemplo usar su trabajo para ahorrar e iniciar un emprendimiento o para poder estudiar.

Nuevamente esta pregunta es remitirse a mis propias raíces, de las que no puedo sentir menos que orgullo. Mi abuela fue nana, mi mamá fue nana, y no queríamos repetir el círculo. Para poder llegar a eso hubo mucho sacrificio, mucho esfuerzo. De hecho, con muchísimo empeño mi madre pudo realizar algunos cursos, lo que significó asumir que podía quebrar una trayectoria algo que parecía imposible modificar. Entonces, cuando una mujer siente que puede quebrar la historia, más todavía en una sociedad tan machista como la chilena o como la peruana, no solamente va a cambiar la historia de ella misma sino la de toda su familia y, por qué no decirlo, la de un país que comienza a asumirse distinto.

La pobreza nubla, la pobreza ciega, tiene colores y sabores característicos. Está el discurso facilista del que “se es pobre por ser flojo”, que esconde una inmensa falta de oportunidades. Cuando sales adelante en un país tan desigual como éste, eres casi un error muestral. Hay profesores en la sala de clase que te dicen “tú solamente vas a llegar hasta aquí”, que ponen el techo muy bajo, que no son desafiantes. Entonces, cuando viene una persona y te dice “yo te voy a ayudar para que seas suficientemente libre para desplegar tus talentos y ser lo que tú quieras” es tremendamente fuerte: cambias una historia que se ha arrastrado durante muchos años. Es el aporte incalculable que realiza Emprendedoras del Hogar, el que debiera ser imitado en Chile.

Porque cuando una persona puede salir de su condición de pobreza a la par que alguien cree en ella, no solamente se puede acceder a mejor vestuario o alimentación. Va a sentir que su trabajo vale, va a sentir que puede participar de mejor manera en la sociedad, con mejores condiciones. En el fondo, va a sentir que no es menos que aquellos que tuvieron por distintas circunstancias otro camino. Va a sentirse parte de un mejor lugar para vivir, de la construcción una mejor nación.

Ha sido un gran gusto conocerte Diego, ¡muchas gracias! 

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