Conversamos con el reconocido periodista y filósofo Federico Salazar, acerca de su opinión sobre las trabajadoras del hogar en el Perú, la discriminación que sufren y las oportunidades que tienen. 

Federico cuéntanos, ¿cómo ves la situación de las trabajadoras del hogar en el Perú? 

El trabajo del hogar es un trabajo aún discriminado, es cierto, sin embargo su situación no es la misma que unos años atrás en los que uno ponía un letrero afuera de la casa que decía “SE NECESITA EMPLEADA” y llegaban muchas mujeres pidiendo una oportunidad para trabajar en las condiciones que fueran. Las mujeres, principalmente las jóvenes de hoy tienen más acceso a la información, conocen sus derechos y están menos dispuestas a tolerar malos tratos.

Hoy en día ser trabajadora del hogar es una opción, un tipo de trabajo que uno elige, las jóvenes tienen más oportunidades para elegir y por ello cada vez hay menos trabajadoras del hogar, y menos aún trabajadoras del hogar cama adentro. La figura es más: «éste es el trabajo que elegí», y ya no: «esto es lo que me queda». Entonces partiendo de allí, estamos en camino a que la discriminación disminuya.

Venimos proponiendo un cambio cultural que permita que los empleadores faciliten el acceso a la educación a las trabajadoras del hogar.  ¿Cómo podemos conseguirlo?

Es un tema bien grande e importante. Lo que normalmente funciona es que vayas en cascada: primero a niveles muy altos como foros, para proponer el tema y encontrar soporte de organizaciones que se comprometan a difundirlo. Y de allí seguir trabajando con campañas para los trabajadores, para los empleadores, en colegios, universidades, y hacer capacitaciones, ferias que llamen la atención y buscar cobertura de la prensa para las actividades. Y si queremos apuntar a generar cambios culturales debemos compartir los casos de éxito, contar las historias a través de los medios, y difundirlas.

¿Tienes alguna historia exitosa que nos puedas compartir?

De un trabajador del hogar, sí. Cuando era niño un joven se me acercó y me preguntó si en mi casa necesitaban trabajadores. En esa época no era tan peligroso como es ahora, y lo llevé a mi casa y se lo presenté a mi mamá. Se quedó trabajando en mi casa, terminó la secundaria, y hoy Isidro Mamani, mi compadre, tiene una empresa con sucursal en Huaraz, dos camiones, su casa propia, su familia feliz. Él siempre dio su mayor esfuerzo y hacía su trabajo con alegría, con orgullo. Es una gran persona, un ejemplo.

Me parece muy importante que la gente se sienta orgullosa de lo que hace. Recuerdo que mi padre de chico siempre me decía que fuera lo que fuera tratase de ser el mejor, si elegía ser basurero que fuese el mejor, si elegía ser filósofo, el mejor. La gente debe buscar la excelencia, haga lo que haga. Cada trabajo es una oportunidad de dejar huella.

¡Muchas gracias!